Teletrabajo: crear límites entre lo personal y lo profesional

Teletrabajo: crear límites entre lo personal y lo profesional

Olga Fustel

Psicóloga de vocación. Directora de Recursos Humanos de profesión. Y alguien que encontró, después de mucho buscar, el camino que lo cambia todo.

Trabajar desde casa ofrece comodidad y flexibilidad, pero también puede hacer que actividades muy distintas terminen compartiendo el mismo espacio. Cuando no existe una separación clara, el trabajo se extiende, el descanso se interrumpe y la vivienda puede dejar de sentirse como un refugio.

No siempre es posible disponer de una habitación independiente. Sin embargo, incluso en espacios pequeños podemos crear límites que ayuden al cuerpo y a la mente a reconocer cuándo estamos trabajando y cuándo hemos terminado.

Cuando todo sucede en el mismo lugar

El espacio influye en nuestra manera de actuar. Si trabajamos desde el sofá, comemos frente al ordenador o dejamos los materiales laborales permanentemente a la vista, las distintas funciones de la casa comienzan a mezclarse.

Conviene elegir una zona concreta para trabajar, aunque sea pequeña, y reservarla para esa actividad. La posición de la mesa, la iluminación, el orden y la relación con el resto de la estancia pueden ayudar a generar mayor claridad y concentración.

También es importante observar qué ocurre alrededor. Los ruidos, las interrupciones, los objetos acumulados o una mala orientación del lugar de trabajo pueden producir cansancio y sensación de desorden.

Crear un principio y un final

Cuando no existe un desplazamiento físico hasta el trabajo, necesitamos otros gestos que marquen la transición. Abrir el espacio al comenzar, preparar la mesa o encender una luz concreta pueden señalar el inicio de la jornada.

Al terminar, cerrar el ordenador, guardar los materiales y despejar la superficie permiten recuperar el uso doméstico de la estancia. Un pequeño paseo, cambiar la iluminación o ventilar también ayudan a dejar atrás la actividad profesional.

Desde una mirada energética, estos límites evitan que el trabajo ocupe toda la casa y favorecen que cada zona conserve una función reconocible. Si aun así persisten la inquietud, el agotamiento o la dificultad para desconectar, puede ser útil revisar cómo se relacionan los distintos usos dentro del hogar.

No se trata de dividir la vida de manera rígida, sino de permitir que trabajo y descanso puedan convivir sin invadirse. Cuando cada momento encuentra su lugar, la casa vuelve a acompañarnos.